Síndrome del Gato Volador

Gato volador

El término “Síndrome del Gato Volador”, se utiliza para describir las lesiones traumáticas que padecen los gatitos después de que caen de alturas mayores a dos pisos. Las caídas generalmente suceden cuando los gatos tratan de atrapar alguna ave, mariposa, o bien, por alguna distracción en el juego o simplemente porque su curiosidad es tan grande, que al asomarse por una ventana e inclinarse demasiado, su peso les impide sostenerse.

Este conjunto de síntomas, también conocido como síndrome de grandes alturas o del gato saltador, se presenta con mayor frecuencia en gatos que viven en azoteas y sobre todo en edificios de muchos niveles o pisos, razón por la cual es utilizado el término de grandes alturas.

Sorprendentemente los gatos soportan y superan los problemas que producen las caídas, pues son raras las ocasiones en que llegan a morir dentro de las siguientes 24 horas, debido a las lesiones recibidas. El 90% de estos gatos sobreviven, solo 37% necesitan tratamiento por lesiones ligeras o sencillas, un 30% necesita atención de urgencia, otro 30% no necesita y un 3% muere por las consecuencias de la caída, siendo este porcentaje realmente bajo, razón que nos hace pensar en eso de que los gatos pareciera que en realidad tienen siete vidas.

Las lesiones que se presentan en los gatos después de las caídas incluyen traumatismos torácicos, faciales, orales y abdominales, así como fracturas y luxaciones en miembros y/o columna vertebral, además, en algunas ocasiones los gatos entran en estado de choque.

Traumatismo torácico.

Son las lesiones más comunes (representan un 90%) y una de las principales causas de muerte en gatos. Consisten en daños provocados a los pulmones por el golpe, pero sin existir heridas externas por lo que la mejor manera de valorarlas es a través de una radiografía. También se presenta neumotórax, es decir, aire que sale de los pulmones y se queda en el espacio que existe entre ellos y las costillas. Este tipo de lesiones provoca una marcada dificultad para respirar, porque al estar dañados los pulmones no realizan su función normal originando así estrés y ansiedad, lo cual, a su vez, produce una mayor dificultad para respirar.

Como parte del tratamiento se deberá garantizar una buena oxigenación y, por supuesto, extraer el aire atrapado en la cavidad torácica por medio de una toracocentesis, pero el Médico Veterinario siempre tendrá cuidado, en primera instancia de verificar si el paciente presenta estado de choque para actuar en consecuencia

Traumatismo facial y oral.

Estas representan el 50% de las lesiones y consisten en heridas en cara y paladar blando, fracturas en dientes, paladar duro y mandíbula.

Las fracturas en el paladar se deben cuidar dando dieta blanda, por lo menos durante un mes, para favorecer su recuperación, ya que el alimento seco forzaría una mayor presión por la masticación, la cual es inconveniente. Este tipo de fracturas pueden originar fístulas oronasales, que deben corregirse con cirugía.

Para las fracturas mandibulares, el tratamiento dependerá del tipo y localización para dictaminar un pronóstico favorable o no. En lo correspondiente a las fracturas dentales lo primero que deberá llevarse a cabo es evaluar la utilidad y daño del diente fracturado, si sólo está dañada la corona es factible realizar una endodoncia o extracción de la pieza, pero si la fractura se presenta por debajo de la encía, es decir, en la raíz, no queda más alternativa que retirar la pieza, ya que estos dientes por lo general no sanan, dando como resultado dolor y pérdida del diente.

Fracturas y luxaciones en miembros.

Las fracturas de los miembros se presentan en un 39% y las luxaciones en un 18%. Aunque los miembros afectados con mayor frecuencia son los anteriores o torácicos (92%) la similitud de las lesiones en miembros posteriores o pélvicos es grande. La mayoría de las fracturas en miembros anteriores involucra a los huesos que forman el antebrazo los cuales son el radio y ulna, en miembros posteriores los hueso que más se afectan son la tibia y el fémur.

Los gatos jóvenes menores de un año presentan mayor predisposición a las fracturas que los gatos adultos, ya que sus huesos aún o tienen la madurez ósea suficiente, es decir, que aún no tienen los huesos tan duros como los adultos.

En casos más graves las fracturas pueden ser expuestas, esto es cuando el hueso sale atravesando la piel, provocando lesiones de consideración en el tejido blando adyacente (músculo, piel, vasos, nervios). Este tipo de fracturas debe de tratarlas inmediatamente el Médico Veterinario para evitar la contaminación de la herida y sus potenciales y catastróficas complicaciones. Se debe evitar al máximo el movimiento colocando una férula o entablillado para no dañar accidentalmente a los tejidos involucrados. La resolución definitiva suele ser quirúrgica.

Las luxaciones, al igual que las fracturas, se presentan más en los miembros anteriores que en los posteriores. Una luxación es cuando los hueso que conforman una articulación se desplazan, saliéndose de su lugar. Las más frecuentes son a nivel de los huesos que forman la muñeca (carpos), así como en los huesos llamados tarsos, los cuales forman la parte posterior del pie. En ocasiones pueden ser tratadas regresando los huesos en su lugar y manteniéndolos fijos mediante vendaje o férula, sin embargo, en otras es necesario estabilizarlas mediante procedimientos quirúrgicos.

Lesiones de columna vertebral.

Son muy raras y cuando ocurren generalmente se presentan en vértebras torácicas y lumbares, provocando inmovilidad de miembros anteriores o posteriores, o de ambos. Es fundamental la valoración neurológica y radiográfica para sugerir un pronóstico.

Traumatismo Terminal.

Se presentan en un 7% de los gatos y las lesiones más frecuentes son el hemoperitoneo o presencia de sangre en la cavidad abdominal; hernia diafragmática la cual es una ruptura del músculo diafragmático lo cual permite que algunos órganos abdominales, como pueden ser los intestinos, ingresan a la cavidad torácica; también se presentan problemas en las vías urinarias como ruptura de vejiga. De estas lesiones, las que requieren tratamiento quirúrgico son la hernia diafragmática y la ruptura de vejiga, pero antes de esto el Médico Veterinario habrá estabilizado la condición del gato lesionado.

Estado de Choque.

Es cuando existe una disfunción del sistema circulatorio lo suficientemente intensa para comprometer la irrigación de los tejidos. Esto se traduce en una falta de oxigenación a nivel celular, ya que es el glóbulo rojo quien se encarga de transportar el oxígeno y entregarlo a las células. Sabemos que el oxígeno es fundamental para el metabolismo celular, por lo que si la anoxia es sostenida conducirá a muerte celular, la cual, si alcanza una masa crítica lesionaran al tejido que conforma y finalmente afectar la función del órgano. Esto es particularmente cierto para órganos vitales como cerebro, riñón, hígado, corazón. Algunos pasos que el Médico Veterinario seguirá ante un gato en estado de choque será básicamente en la administración de líquidos, esteroides y antibióticos, con la finalidad de facilitar al organismo recuperarse de esta alteración.

¿Por qué los gatos pueden soportar caídas de varios metros de altura? ¿Por qué algunos gatos que caen de media altura presentan más lesiones que los que caen de alturas mayores?

Son muchos los factores que influyen en el tipo y severidad de las lesiones, los más importantes son la altura desde donde cayó, así como la superficie donde se impactó; otros.

Factores son la posición en la que caen, la resistencia al aire y los obstáculos encontrados durante la caída.

Se ha demostrado que los gatos que caen de una distancia mayor a dos pisos y menor a siete, son los que presentan el más alto porcentaje de lesiones, esto se debe a que no han alcanzado su velocidad terminal de caída, la cual es determinada por la masa y arrastre corporal, originando una continua estimulación del aparato vestibular, que por cierto es el que da el equilibrio del cuerpo, provocando así que mantenga los miembros extendido y rígidos, favoreciendo aún más la aceleración, por lo que habrá una mayor predisposición a las lesiones, debido al poco tiempo de preparación para el aterrizaje.

Cuando los gatos caen de una altura mayor a siete pisos, la velocidad de caída terminal (60 millas por hora) se alcanza y el aparato vestibular es menos estimulado, permitiendo al gato relajar en extender los miembros en forma horizontal. Al tomar esta posición disminuyen las probabilidades de rotación o giros. Al alcanzar la velocidad terminal, el gato distribuye la fuerza del impacto a través de su cuerpo como si estuviera simulando un paracaídas, disminuyendo de esta forma el riesgo de lesión.

La superficie en donde caerá el gato es otro factor importante a considerar, ya que influye en el grado de lesión. Si la superficie es como la del pasto (o algo parecido) el impacto es menor y disminuye la severidad de las lesiones; por el contrario, cuando caen en una superficie de concreto o asfalto, se eleva el riesgo de lesionarse más severamente.

Como ya se mencionó con anterioridad, el síndrome del gato volador es muy común en gatos que viven en la ciudad, pero afortunadamente el porcentaje de supervivencia de ellos es muy alto, siempre y cuando se dé el tratamiento adecuado y a tiempo. Es por eso que siempre debes recordar que si tu gato sufre este síndrome, tendrás que llevarlo inmediatamente con el Médico Veterinario, pero como siempre lo mejor es la prevención, toma las debidas precauciones para evitar que esto suceda.

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