Historias y testimonios

Hola.

Solo quiero contar la historia de cómo comenzó mi amor por los gatos. Yo crecí con perritos, siempre. Nunca había tenido gatos, solo escuchaba que a la mayoría de las personas no les gustaban.

Hace 17 años, un día me regalaron una linda gatita. Recuerdo que llegó con su moñito rojo y toda flaquita. Yo la vi medio raro porque nunca había estado con un gatito. Pero cuando la agarré, luego luego se me acercó y me hizo “miau”, viéndome con sus ojitos azules. Le puse de nombre Cindy.

Pasó conmigo muchas cosas, siempre estuvo a mi lado. Cuando salía de viaje solo estaba en mi recamara, no salía de ahí hasta que regresaba. Si yo estaba triste se restregaba en mi cuerpo y se acostaba a mi lado.

Tuvo una camada y nos quedamos con Pipo. Luego llegó Bombón y luego Milo. Cindy y Pipo ya están en el cielo, pero gracias a Cindy supe que los gatos son excelentes amigos, fieles e inteligentes.

Es importante que la gente sepa que los gatos al igual que los perros son excelentes amigos y nunca hay que abandonarlos, ni maltratarlos.

Ardillita - Cómo comenzó mi amor por los gatos

Conocí a Carlos Monsiváis en julio de 1976, días después de aquel golpe a Excélsior que dejó sin trabajo a un brillante grupo de periodistas encabezados por Julio Scherer García y días después – también — de que yo había ingresado a ese diario. Mi jefe de información me había ordenado buscar a Monsiváis para que hablara sobre la catástrofe económica que estaba a punto de estallar en recta final del gobierno de Luis Echeverría. Lo busqué con el temor que rechazara la solicitud de entrevista, pero no fue así, lo que me hizo verlo como un cuate que no guardaba resentimientos ni tenía telarañas en la cabeza. En esos días los colaboradores del Excélsior de Scherer andaban muy activos, unos trabajando en la fundación de la revista Proceso y otros en la labor de sacar a la calle un nuevo periódico, el Unomásuno. Nos vimos en las afueras de un café en la calle de Lafragua. Monsiváis me trató afablemente, respondió todas las preguntas con ese estilo inconfundible de sabiduría combinado con humor cáustico y sarcasmo. A partir de entonces nos hicimos amigos y en los años siguientes coincidíamos con cierta regularidad en reuniones informales donde se hablaba poco de política, algo de periodismo y nada de literatura, pero eso sí, invariablemente, había mucho humor y muchas risas en torno al devenir cotidiano. Lo entrevisté para Excélsior en varias ocasiones a propósito de reuniones oficiales o eventos culturales a los que asistía. La primera vez que lo fui a visitar a su casa – “dos cuadras atrás del California Dancing Club”, me decía –, lo que más me llamó la atención al entrar a su hogar en la Portales, San Simón 42, fue un fuerte olor a gato. Mientras lo esperaba advertí paredes tapizadas de libros, muchos libros; un escritorio cubierto de papeles y periódicos hasta el tope, y muchos gatos que, con elegancia, se paseaban y/o dormitaban sobre sus libros, papeles, periódicos, escritorio y sillones. Los gatos tienen una extraña personalidad. A diferencia de los perros que son considerados el mejor amigo del hombre – dicen los clásicos –, los gatos ven a los humanos como sus mascotas. Por consecuencia, los felinos de Monsiváis eran los amos y señores de la casa. El, sin duda, los adoraba, y ellos lo adoraban a él. Gatuno, como yo, Monsiváis me dijo en esos días que tenía ocho gatos, todos diferentes, unos atigrados, otros siameses, un güero, un blanco, ningún peludo, ninguno negro. ¿Por qué ocho? le pregunté. “Más no, no me alcanzaría a darle cariño a todos”, respondió. Era común ver a Monsiváis en las entrevistas que concedía, retratado con un gato dormido en sus rodillas o advertir a los felinos pavoneándose sobre el respaldo de su sillón e incluso mirando fijamente a la lente de una cámara de televisión. ¿Porqué gatos y porqué no, por ejemplo, perros?, insistí. Con tranquilidad y sabiduría, me dijo: “Es para no ver fantasmas”. Y tenía razón, cuando uno está solo en casa, cualquier sombra, cualquier ruido es atribuido a la presencia de los gatos, no a un fantasma, no a un intruso. Pienso hoy en Monsiváis y sus gatos. La causa de su muerte fue posiblemente su adoración hacia ellos. La fibrosis pulmonar idiopática ocurre por heridas en el interior de los pulmones producto de respirar los delgados pelos que los gatos dejan en el ambiente, cuando viven dentro del hogar. Cualquier gatuno sabe que existe ese riesgo cuando se convive largamente con gatos. Carlos ya no está con nosotros y estoy seguro que al final de su vida, su gran preocupación no fue otra sino el futuro de sus gatos y esa sensación que intuyen estos bellos animales de sentirse abandonados por su amo que, incluso, los puede orillar al suicidio.

Roberto González - Monsiváis y sus gatos

Hola. Soy nueva en esto de las asociaciones protectoras de animales quiero contarles que mi amor por los gatos empezó hace un año cuando afuera de mi trabajo recogí a un lindo gatito que hoy es un gatotote, al principio mi familia no lo quería pero con el tiempo se fueron acostumbrando, ya tenia una perra y el gato, después una gata llego a casa de mi mama y tuvo cinco gatos que desafortunadamente murieron…la gatita se quedó. Empecé a alimentar a la banda de gatos de mi calle, les dejo comida en el garage algunos han muerto y otros van y vienen por temporadas. Este año encontré a otros dos y los adopte a uno le habían echado pintura en la cabeza y la otra la tiraron de un mes en la basura. Aparte tengo uno que se metió a casa de mi mama y lo estamos dando en adopción a través de la asociación protectora de mi ciudad. También logré dar otro en adopción con la ayuda de ellos. Conclusión: Hoy amo a los gatos y ahora entiendo que en su mirada hay tristeza y dolor. Ellos son muy cariñosos conmigo, me dan besitos y me acarician con sus patitas. Por eso debemos amarlos y respetarlos siempre. Gracias Dios por haber hecho a los gatos.

Amanda - Hoy amo a los gatos

“¿Ya recogiste a todos los Gatos de Taxqueña?” me preguntó Cristina Pizzonia.
No. respondí.
Pues hay que recogerlos a todos ya.
—¿Cómo?
Vamos a las dos de la mañana con veinte trampas.
—¿Y luego qué hacemos con los gatos? ¿A dónde los llevamos?
A ninguna parte, en ese momento los vaciamos en costales y los inyectamos para que se mueran.


Fue la conversación que tuve con Cristina Pizzonia, la argentina pro-eutanasia, durante los primeros meses en que empecé a ayudar a los Gatos de Taxqueña, de esto hace más de siete años.

Me entristecí. Ya había decidido no aliarme, no enlistarme a la fila de asesinar animalitos con argumento de salvarlos del sufrimiento y de la maldad humana. He pensado que este tipo de gente que mata a animalitos so pretexto de ayudarlos, lo hace más bien por maldad. Disfrazan su supuesta ayuda hacia los animalitos matándolos. O quizás es un tipo de sadismo.

Leticia Sulser, también pro-eutanasia, una vez me dijo que se sentía mal de engañar a los gatos con comida para atraparlos y después llevarlos a su casa e inyectarlos para que mueran.

Sé que es una postura muy fuerte. Muy dolorosa para mí. No podría hacerlo. Cuando tengo ante mi a un animalito sufriendo me duele mucho, y trato de recogerlo y cuidarlos y amarlo; pero desgraciadamente hay muchos animalitos que no puedo ayudar.

No tengo espacio en casa, tampoco dinero, ni tiempo para atenderlos. Porque tener una asociación protectora de animales no significa que se reciban donativos suficientes, y obviamente el gobierno no apoya, aunque debería de hacerlo. No promueve educación acerca del respeto a los animales; no tirarlos a la calle y llevarlos a esterilizar. Y claro, el gobierno debería realizar grandes campañas de esterilización gratuitas, porque aunque existen no son suficientes.

Es decir; tener una asociación protectora de animales causa muchos problemas, no hay donativos suficientes y son muchos los animalitos que viven bajo nuestra custodia.

Apenas vi una foto del Refugio Franciscano, con sus mal de 1500 perros, todos apretados, casi sin poder moverse, mal alimentados, y demás. Todo esto es muy triste.

Yo con aproximadamente 200 gatos y 15 perros, ya tengo una vida muy complicada. Horas, muchas horas, todo el día es para ellos.

Y puedo esforzarme más allá de mis límites pero nunca podré ayudar a todos los animales del mundo, ni siquiera a todos los gatos. Diario ir a la medianoche a alimentar a los gatitos de mi calle me entristece; allí esperándome muchos gatos, llorando de hambre, gatitos pequeños con miedo de acercarse a mí, me están esperando para que les ponga comida. Y aunque quisiera atrapar a esos gatitos ferales, ya no puedo.

La Casa Monsiváis para los Gatos Olvidados fue rentada hace casi tres años, y la intención era recoger a los Gatos de Taxqueña, pero no he logrado ese objetivo.

Todo ha sido difícil: acondicionar un lugar para ellos, tenerles comida, arena, pipetas antipulgas; etcétera. Y pensar que todo mi esfuerzo a veces no vale. A pesar de que he recogido de ese lugar aproximadamente 200 gatos, muchos más lo necesitan. Lo peor, seguirán aumentando y yo no podré ayudarlos por falta de tiempo, espacio y sobre todo de dinero.

Esto de ayudar a los gatos de manera real, no matándolos, es de verdad muy complicado. A veces mi vida se desmorona y no hay gente, o hay muy poca, menos de tres, que son las que constantemente apoyan a esta asociación.

Se los agradezco en el alma. Sin embargo, una asociación que ayuda a tantos animalitos necesita mucha más ayuda.

Les pido por favor, que no sólo sean seguidores de esta página, sino que apoyen a esta asociación con donativos en especie o económicos que sean constantes.

Solo de esa manera se podrán seguir ayudando de manera real a estos gatitos que ya han sufrido mucho.

Por ejemplo, hoy sábado, se necesita una camioneta que nos recoja en la Casa Monsiváis y llevarnos con trampas a Taxqueña para atrapar gatos. Es una ayuda urgente, porque el carro que a veces nos prestaban está descompuesto. Hay varios gatitos muy maltratados que necesitan se recojan, pero repito, esto no se puede hacer si alguien no apoya con transporte.

Siempre se necesitan: croquetas de kirklan o catchow, latas de felix, ad, o atún, arena (costco o sams), pipetas antipulgas, etcétera.

Por favor no donen alimento de la marca Whiskas, con el tiempo los gatitos se enferman y si ya están enfermos empeoran. Ese alimento tiene varios puntos negativos que ya les comentaré.

Recuerden que pueden depositar a la cuenta: 1251909614 de Bancomer, con CLABE: 012 180 01251909614 2. Si van al Oxxo utilicen el número siguiente: 4152 3110 1989 7668
También vía paypal a: [email protected]

Los gatitos que albergamos en esta casa, casi nadie los habría ayudado porque son ferales o no bebés. ¡Apoya de manera real y ayúdalos a estar sanos y poder continuar con vida!

Si cada persona ayudar al menos con 50 pesos a la semana sería una gran diferencia. Corre la voz.

Recuerda que en esta casa de gatitos se paga una renta cara,  también se le paga a quien me ayuda, se compran croquetas, arena, medicinas, etcétera.

Se requiere de un monto elevado para sustentar a los aproximadamente 200 gatos y 15 perros, más varios cacomixtles.

Esta es una asociación sin fines de lucro. Si donas puedes venir a esta casa a cerciorarte de la existencia de los muchos animalitos a los que se les da ayuda.

Un día decidí ser protectora provida y es muy difícil, no tienes idea. Por favor apoya para que no se me caiga el mundo y el de estos gatitos.

Apoya a Gatos Olvidados, A.C. para que siga existiendo.

Claudia Vázquez - Es muy difícil tener una asociación provida animal.